miércoles 11 de noviembre de 2009

Haciendo el estúpido

Desde esta colina, en los confines de la irracionalidad, puedo ver todo Central Park y por primera vez, me alegro de que Laura no este aquí viendo en que se ha convertido nuestro pequeño gran satélite.

Del cielo gris que impera sobre mi, caen gotas que por primera vez se atreven a ser lluvia. Todo ante mi está empapado, pero aun se pueden ver los estragos que el fuego, ya extinto, ha causado. Ríos de ceniza, restos inertes de todas nuestras pequeñas criaturas, terror, olvido y un silencio que me paraliza completamente.

No pude salvarlo, no pude hacer que nuestro parque existiera eternamente como te prometí. Lo siento, no de manera muy intensa, pero si profundamente. Hasta la Luna está triste ahora, ya no quiere acariciar esta devastada tierra que la ha olvidado, que ya no la adora.

Me acercaré a las puertas con la esperanza de encontrar algo, algún resquicio de vida que me haga sonreír, dentro de este infierno de recuerdos rotos. Están oxidadas, cubiertas de un musgo azulado que huele a tristeza. No se abren, pero no me sorprende, ¿cómo abrirlas si desprecie la llave que con tanto cariño encargaste para mi?

El pasado me persigue, se ha convertido en un compañero ineludible que me atormenta y me alegra el día a su antojo. Quisiera regalarte tu melodía o convencer a las hadas de que te acariciaran con su magia, pero no queda nada, solo yo y un desierto de sentimientos muertos.

En esta tierra baldía, en la misma entrada a nuestra salida, te dejo todo el cariño que jamás aceptarás, ese que aun guardo dentro de mi. Quisiera dejarte más, pero mi imaginación, en algún momento, decidió irse.



Es tarde ya, debería irme...

...ha pasado un año desde que vine aquí por primera vez
y aun sigo esperando que a Laura le guste mi sorpresa...

...quizá debí dejar de esperar hace mucho.

1 comentarios:

Laura C. Palacio Chacón dijo...

Sabes cuando te das cuenta de que medio planeta se esta muriendo de hambre mientras tu miras quince veces lo que hay en la nevera porque no sabes que comer.

O cuando recuerdas una mentira que contaste de niño, y que aun te atormenta, habiendo hecho cosas peores después.

El cuerpo es inteligente, y decide olvidar cosas para evitar la extinción del corazón.

Había olvidado que una vez me quisiste como si no hubiera nada más, y que una vez yo también te quise. Encontré una llave dorada y recordé con amargura la dulzura del ayer.

No sabes cuánto lo siento, pero lo sabrás el día que le prendas fuego al satélite de las maravillas de alguien.

 
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